Pasos imprescindibles para una correcta cata de vinos

Recientemente, nos reunimos de forma informal para catar seis vinos e intercambiar impresiones sobre la valoración gustativa de los mismos. Aunque más que una cata fue un coloquio sobre cómo conocer las calidades y cualidades que podemos encontrar en una copa y, sobretodo, la satisfacción que nos produce acertar con el vino mas placentero a nuestros sentidos. Y lo que es más complicado: definir con palabras nuestras sensaciones.
Así pues, tanto en esta cata concreta como en otra cualquiera, hemos de seguir un orden lógico en la observación y degustación de cada caldo.
La vista
El ojo ya empieza a darnos información, junto con el oído, cuando estamos llenando la copa. Identificando su sonido y la forma de adaptarse a la cavidad de dicha copa, podemos apreciar su densidad, ligereza, su fluidez… Luego observamos su transparencia u opacidad, limpieza, brillo y sus tonalidades o intensidades de color (sobre fondo blanco se aprecia mejor). Su gradación de color al inclinar la copa y sus matices: del morado casi negro al rubí, el menisco con sus tonos cardenalicios en los jóvenes u ocres y caobas para los vinos maduros… Todos estos aspectos del vino son fácilmente observables si prestamos atención en la cata, mejorando nuestra capacidad de análisis conforme adquirirmos más experiencia en este paso imprescindible para cualquier amante de los buenos caldos.
El olfato
Seguramente se trata del sentido más importante a la hora de apreciar un buen vino. Por vía directa, a primer golpe de nariz, ya nos ofrece los aromas más volátiles y que cada cual interpreta o referencia según sus experiencias. Por ejemplo, y siguiendo la experiencia concreta de cata que da origen a esta entrada de blog, en el Gewurstraminer hubo quien detectó el olor a pétalos de rosa y a quien le sugirió el aroma de la amapola. En el Sauvignon alguien destacó el olor a hierba recién cortada y otros los cítricos o cierto aroma a fruta tropical. Todos estos efluvios avistados, quedarán o no confirmados por vía retronasal al ingerir el vino.
El gusto
El dulzor, la acidez, la astringencia, su suavidad o tacto, su cuerpo… La lengua y el paladar nos transmiten un buen abanico de sensaciones que nos confirman o no la impresiones iniciales. La suavidad del tempranillo (Viña Pomal Crianza), la redonda estructura del tinto fino de la Ribera del Duero (Carmelo Rodero Crianza), el cuerpo y los minerales del Priorato (Scala Dei Jove)…
La sensación final

Es básico seguir un método para catar un vino, desglosándolo para valorar todos sus matices. Pero también hemos de constatar que una cosa es catar y otra sensiblemente diferente es beber.
Lo que debemos pedirle a un buen vino es que disfrutemos con él (en la comida, a solas y siempre mejor compartido) asegurándonos de que las sensaciones producidas sean placenteras. El vino nos ha de acariciar con sus aromas, excitándonos suavemente el paladar y deleitándonos gustativamente, de manera que su aspecto, aroma y gusto formen un conjunto armónico que nos invite a llenar de nuevo la copa, saboreando el feliz momento que vivimos.
Y siempre con un consejo que ha de seguirse al pie de la letra: el vino, al igual que el resto de bebidas más o menos alcohólicas, ha de consumirse con moderación. Como un buen frasco de perfume, las cantidades han de ser siempre justas.
